Microrrelatos de Juan Ramón
Osorio Pérez
Estimados amigos
y autoridades que dirigen el Festival de
Publicaciones Educativas Índice Nicaragua, me dirijo a ustedes para
expresarles mis deseos de participar en dicho festival con una pequeña muestra
de cuentos cortos y microrrelatos de mi autoría.
El presente
trabajo literario está conformado por nueve microrrelatos escritos por este
servidor, el maestro Juan Ramón Osorio Pérez. En cada uno de ellos hay una
lección o un valor a tomarse en cuenta. Son anécdotas y pequeñas reflexiones
que deseo compartir con los amigos lectores. Gracias por la oportunidad de
participar en tan lindo evento que nos inspira a seguir adelante.
Saludos
LLEGADA A CASA
Cuando llego a casa por las tardes, mi perro me recibe
muy alegre en la puerta y me dice con la cola que los demás no me pueden
atender, pues están muy ocupados viendo a todos sus perritos sin alma que les
halagan desde el Facebook.
Juan Ramón
Osorio Pérez
EL
CINCUENTA PIES
El tipo pensaba llegar a
su destino en una hora de camino recorrido, pero sus enemigos lo atacaron y lo
cortaron por la mitad, entonces, una de las mitades del terco caminante, aunque
con una hora de retraso, pero logró llegar a su destino el heroico ciempiés.
Juan Ramón
Osorio Pérez
EL
NACIMIENTO DEL DIEZ
—Vos no valés nada —le dijo el uno al cero.
—Y vos, qué hablás—respondió el
cero, enojado—sí solo valés uno y uno no es ninguno
—¡Cállense! —gritaron los sumerios— que aquí venimos a sumar no a
dividir
—¡Silencio! —dijeron los mayas — dejen de estar peleándose por
babosadas. Además, los dos son muy importantes.
Los tomaron de las manos y les dijeron: ¡Vamos, abrásense! Ellos obedecieron y así, juntos presenciaron
y todos los números festejaron el nacimiento del diez.
Juan Ramón Osorio Pérez
EL AMULETO
Cuenta
doña Ana Cardo que una tarde Dios se puso creativo y decidió inventar las
frutas del paraíso tropical. A todas las dotó de sus propias características:
unas las hizo grandes, hermosas y jugosas, con sus semillas por dentro. Es
cierto que unas las hizo de cuerpo grande y carnosos, con la semilla pequeña,
como la sandía; otras las concibió de cuerpo pequeño pero con el hueso grande,
como el aguacate. Sin embargo, a la hora de hacer el marañón, el creador se
distrajo mucho, viendo lo divertido que le había quedado el coco de mar. Tanta
fue su distraccion que se le olvidó ponerle al marañón la semilla por dentro. Y
para no abrirlo ni hacerlo de nuevo, le dijo:
—Así te
quedas.
Y le
colocó la semilla por fuera, así colgadita de su fruta como un bello y mágico amuleto.
Juan Ramón Osorio Pérez
TIRO
DE ESQUINA NEOCOLONIAL
El partido finalizó
con un tiro de esquina fenomenal y un certero golazo de cabeza del delantero.
Resultado final, Azul Grana: 3, Los Merengues:
2. Mientras el narrador, experto en manipular emociones colectivas, se
atraganta exaltado como que se va morir de un infarto, ¡Gooooool! Una multitud de jóvenes de un
paisito periférico cualquiera, que piensan que Cataluña es un país ubicado más
allá de la Antártida, celebran eufóricos con todos los rones, cervezas y otras
hierbas aromáticas que el estadio virtual les ofrece.
Otro grupo que creen a
ciegas que su equipo favorito tiene su sede en alguna isla mágica del caribe y
que por eso lo apodan “el equipo merengue”, lloran histéricos y desconsolados
como si el mundo se acabará en ese instante.” Unos minutos más tardes, ambos
grupos se enfrenta en una batalla campal a puñetazos, botellazos y balazos. Lo
peor del asunto es que al final del partido y la reyerta, ninguno de los cuatro
equipos en contienda, tiene la más mínima idea de dónde está ubicado el paisito
periférico en mención.
Juan Ramón Osorio Pérez
EL
CALCETÍN DE KINGO POP
Un
calcetín que se para solo, perteneciente supuestamente a un bailarín blanco a
la fuerza, llamado Kingo Pop, fue comprado en 8,800 dólares, con todo y tufo.
Mientras las empresas transnacionales vienen a mi tierra y compran la tonelada
de maíz a 200 dólares.
—¡Ala gran
puta! —dijo don Nicasio Palmira, viendo su hermoso maizal—, o sea que tendré
que trabajar cuatro años enteros para poder comprar ese tal calcetín.
Su hijo Nicanor, al escucharlo, muerto de la risa le
respondió: —Ay, Papá, y ¿para qué putas usted desearía comprar un calcetín
viejo y hediondo?
—Tenés razón, hijo mío, —dijo don Nicasio, mientras
saboreaba un rico elote asado—, solo los pendejos adinerados cabezas huecas
podrían comprar una basura tan absurda y contaminante.
Juan Ramón Osorio Pérez
UN CUENTO QUE NO ABURRE
Te juro que este
cuento no es para aburrir a nadie, es cortito y genial, pero si veo que te
aburre, mejor no te lo cuento. Si no te aburre, te sugiero que lo leas hasta el
final. Ahí, encontrarás la anécdota de un lector de cuentos que, siendo muy
activo y alegre, al ver que aquella historia tan linda, se truncaba
inesperadamente, decidió terminarla él mismo, justo en el instante en que una
vocecita le dijo: —Yo soy un cuentecito
breve, sonríeme y trátame con cariño.
Juan Ramón Osorio
Pérez
CONSEJO DE MADRE
La madre le dijo: — Hijo, no
salgas solo, peor aún si es de noche. Ahí afuera hay gente mala que no nos
quiere. El pequeño no obedeció y salió a juguetear entre un grupo de personas
que se divertían en la calle. Mientras el pequeño correteaba, las personas le
aplaudían efusivamente. Al regresar por
la tarde, la madre se enteró que su hijo no le había obedecido, y que había
estado jugando afuera sin su permiso.
Ella lo reprendió: — Te dije que
no salieras, esa gente es muy peligrosa.
El hijo refuta diciendo: — No
madre, las personas no son malas, porque yo vi que se estaban divirtiendo con
mis piruetas y hasta me estaban aplaudiendo.
—No, hijo, — corrigió
ella —, no te estaban aplaudiendo. Esos malvados te querían atrapar o matar.
¿Que no te das cuenta de que esa gente nos odia?,
— afirmó categórica la mamá zancuda.
EL BAUTISMO DE
ALEJANDRITO
Estos fulanos del tal
primer mundo son un hatajo de hipócritas, —me dijo una tarde Don Alejo
Ñurinda—, ahora nos quieren dar clases de democracias, buenas costumbres y
derechos humanos. ¡No me jodan! —exclamó
el viejito muy enojado— ya no se acuerdan los esclavistas cómo lograron su
“deslumbrante desarrollo”. Primero, para enriquecerse, se expandieron dizque
buscando pimienta, comino y clavo de olor, y mediante una farsa que ellos
llaman “conquista”, se adueñaron de mi tierra y sus recursos. Mientras tanto,
yo, el ultrajado, me quedé de pendejo rezándole al dios de ellos.
Me colonizaron —perdón,
me “cristianizaron”; ellos se robaron mis recursos y mataron a mis dioses,
cortaron mis lenguas y me bautizaron con el nombre del santo menos corrupto que
hallaron en toda la corte (el mismo salvaje que, sobre una mula en un papal,
perdón, sobre una bula papal, repartió el mundo). Me bautizaron católico y me
pusieron, por supuesto, un nombre “cristiano”: —Ya no te llamarás Quetzalcóatl
Náhuatl Menchú, eso es de gente salvaje, pobre y pecadora —dijo el sacerdote—.
Ahora te llamarás Alejandro Rodrigo Colón de la Carabela. Y yo el baboso,
alegre porque me bautizaron, lo celebré consumiendo McDonald's y Coca Cola,
mientras aplaudía eufórico la victoria del Real Madrid.
Microrrelatos de Juan Ramón Osorio Pérez
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